Queridos lectores, en estas últimas columnas hemos hablado de los procesos maravillosos que ocurren en nuestro cuerpo y que la mayoría de las veces NO estamos completamente conscientes de ellos. Hasta hoy sabemos que la célula es la unidad base de vida y conocemos un poco de cómo se divide, pero ¿De qué está compuesta?, ¿Como funciona su interior?

La célula se clasifica principalmente en eucariota y procariota. La célula eucariota contiene núcleo definido que contiene el ADN y son la base de organismos pluricelulares como en animales, plantas y hongos. Esta célula se componede organelos que trabajan para mantenerla en equilibrio. Estos cumplen funciones específicas como respirar, fabricar energía y eliminar desechos entre otros. Para poder entender de manera simple cómo funciona la célula hagamos una analogía y veámosla como una fábrica en pleno funcionamiento. En la fábrica se observa materias primas que entran, productos que salen, energía que se consume y un sistema perfectamente organizado para que nada falle. Algo muy parecido ocurre, aunque no lo veamos, dentro de nuestro propio cuerpo. Cada célula es, en realidad, una fábrica microscópica trabajando sin descanso para mantenernos vivos.

En esta fábrica diminuta, el núcleo cumple el papel de la oficina central. Allí se guardan los planos de toda la operación: el ADN. Desde esta “gerencia” se toman las decisiones más importantes, indicando qué se debe producir, cuándo y en qué cantidad. Sin el núcleo, la fábrica celular perdería el control y el orden. Desde allí se determinan los procesos de producción, crecimiento y reproducción de la célula.

Alrededor del núcleo encontramos el retículo endoplasmático, que funciona como una línea de producción especializada. El retículo endoplasmático rugoso, cubierto de ribosomas, se especializa en la producción de proteínas, como si fueran piezas esenciales de la fábrica. El retículo endoplasmático liso, en cambio, se encarga de la producción de lípidos y de la eliminación de sustancias tóxicas, algo así como el departamento de mantenimiento y limpieza.

Los ribosomas son los obreros incansables. Son pequeños, numerosos y fundamentales. responsables de ensamblar las proteínas a partir de las instrucciones genéticas. A pesar de su tamaño reducido, su labor es fundamental para el funcionamiento y la renovación constante de la célula. Sin ellos, la fábrica no podría producir nada útil.

Una vez fabricados, los productos deben ser revisados, empaquetados y enviados. Aquí entra en acción el aparato de Golgi, que se asemeja a un centro de empaquetado y distribución. Este organelo modifica las proteínas, las clasifica y las envía a su destino correcto, ya sea dentro de la célula o fuera de ella.

Toda fábrica necesita energía para funcionar, y en la célula esa energía la proporcionan las mitocondrias, las verdaderas plantas eléctricas. A partir de los nutrientes, producen ATP,la principal fuente de energía utilizada por la célula para realizar sus actividades. El “combustible” que permite que todos los procesos celulares sigan en marcha. Sin mitocondrias, la fábrica se apagaría.

La vacuola es como el almacén de una fábrica porque guarda agua, nutrientes y sustancias de desecho, y los libera cuando la célula los necesita para funcionar correctamente.

Por otro lado, están los lisosomas, que cumplen el rol del sistema de reciclaje y manejo de residuos. Se encargan de descomponer desechos, sustancias dañinas o partes viejas de la célula, reutilizando lo que aún sirve y eliminando lo que no. Gracias a ellos, la fábrica se mantiene limpia y eficiente.

La membrana celular actúa como la puerta de seguridad. Controla qué entra y qué sale, permitiendo el paso de nutrientes y bloqueando sustancias peligrosas. No es una barrera rígida, sino una frontera inteligente que protege el funcionamiento interno.

Finalmente, el citoplasma sería el espacio de trabajo, el lugar donde todo ocurre. Es el medio en el que flotan los organelos y donde se desarrollan innumerables reacciones químicas al mismo tiempo.

Así, cada célula, aunque invisible a simple vista, opera como una fábrica perfectamente coordinada. Millones de estas fábricas trabajan día y noche dentro de nosotros, sin descanso ni pausas sindicales, recordándonos que la vida, incluso en su forma más pequeña, es una obra maestra de organización y eficiencia.

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