Hay conceptos jurídicos que parecen tan cotidianos, tan lógicos, que a veces dudamos que realmente tengan un sustento legal. Los escuchamos desde casa, con nuestros padres o abuelos, en el trabajo o entre amigos, y por ser tan naturales creemos que sólo son frases populares.
Expresiones como: “nadie está obligado a lo imposible” o “lo que no está prohibido está permitido” forman parte de nuestra cultura diaria. Las repetimos sin pensar que, en realidad, son principios generales del derecho.
Y sí: existen. Son reales. Y tienen fuerza jurídica.
Por eso es importante que la ciudadanía conozca su existencia. En la facultad de derecho, un profesor nos decía que esto es lo primero que debe aprender un estudiante: los principios generales del derecho, porque de ahí surgen grandes cosas. Y como comentaba la vez anterior, cuestiones que parecen minúsculas pueden evitar problemas mayores.
Estos principios son la base de todo el sistema jurídico. Son reglas fundamentales que orientan la interpretación de las leyes y la actuación de las autoridades. Existen más de cien, y muchos de ellos podemos aplicarlos en nuestra vida diaria, no sólo en los tribunales.
Por ejemplo, esa frase tan común de “espérame, déjame te explico”, en derecho se traduce como: nadie puede ser condenado sin ser oído. Es un derecho humano contemplado en la Constitución, conocido como garantía de audiencia.
Otro principio básico es que nadie está obligado a lo imposible, o aquel que señala que lo que no está prohibido está permitido. Pero aquí hay algo muy importante: mientras las personas podemos hacer todo aquello que la ley no prohíbe, las autoridades sólo pueden hacer lo que expresamente les está permitido.
Esa es una diferencia fundamental.
Conocer el derecho, y sobre todo nuestros derechos, nos acerca a su cumplimiento, pero también obliga a que las autoridades actúen dentro de un marco normativo correcto. La ignorancia jurídica no elimina responsabilidades, pero sí abre la puerta a abusos.
Los principios generales del derecho nos recuerdan que la justicia no nace sólo de códigos y artículos, sino también del sentido común elevado a norma.
Entre la ley y la realidad, muchas veces creemos que lo lógico no puede ser legal. Pero la realidad es otra: muchas de esas frases que hemos escuchado toda la vida son, en esencia, derecho puro.
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Arturo Michel
Entre la ley y la realidad









































