Hoy quiero presentarles, en esta columna, un poco de lo mucho que representa el municipio de Meoqui, una tierra de historia, trabajo y profundas raíces.
Este año, Meoqui cumple 316 años de historia. Su nombre proviene de la lengua rarámuri y significa “lugar de trabajo”, una definición que describe con claridad el carácter de su gente.
A lo largo de su historia, Meoqui perteneció a los municipios de Julimes, Rosales y Camargo, antes de consolidarse como municipio propio. De acuerdo con la tradición histórica, su nombre fue otorgado durante el periodo del presidente Benito Juárez, marcando una etapa clave en su identidad.
Su principal actividad económica es la agricultura, impulsada por su cercanía con el río San Pedro, un recurso fundamental para el desarrollo productivo y social del municipio.
Pero Meoqui no solo es tierra fértil; también es cuna de grandes talentos deportivos y culturales que han puesto su nombre en el mapa regional, nacional e internacional. En el ámbito deportivo destaca Eduardo Nájera, referente del basquetbol mexicano y exjugador de la NBA. A él se suman Alejandro Areníbar, originario de Estación Consuelo y participante en clínicas del Real Madrid; la Selección Azul de Talentos Meoqui A.C., campeona nacional de béisbol en 2025; y Yessica Ruiz y Jared Talamantes, reconocidos como deportistas destacados en 2024.
En el ámbito cultural, Meoqui ha dado al país y al mundo talentos como Kevin Kaarl y Bryan Kaarl, cantautores reconocidos internacionalmente; Filiberto Ramírez Franco, músico y compositor, director de la Escuela Nacional de Música de la UNAM; y Daniel Nájera, escultor cuyas obras reflejan una profunda inspiración en la naturaleza y el surrealismo.
Y, por supuesto, hablar de Meoqui también es hablar de sus mitos y leyendas. Entre las más conocidas está la historia de los famosos “monitos de Meoqui”, un caso que tomó fuerza a finales de los años ochenta, con relatos que recuerdan a series como Stranger Things. Según versiones de la época, cinco jóvenes aseguraron haber tenido un encuentro cercano del tercer tipo, afirmando haber visto pequeños seres con un brillo peculiar saliendo de cuevas en la región. El impacto del caso fue tal que, de acuerdo con crónicas locales, habría llegado incluso al conocimiento de instancias científicas internacionales.
También se dice que el municipio de Meoqui está conectado por túneles subterráneos que van de iglesia a iglesia, una historia que permanece únicamente como leyenda dentro del imaginario colectivo. A estas narraciones se suma la conocida Casa del Ahorcado, un sitio donde se mezclan mito, leyenda e historia, y que sigue despertando curiosidad entre propios y extraños.
En estas fechas, Meoqui recibe a sus visitantes más distinguidos: los famosos pelícanos de Meoqui, que llegan año con año desde Canadá y Estados Unidos, migrando hacia el sur cada otoño e invierno para escapar del frío extremo y encontrar alimento en el Río San Pedro, humedal de importancia internacional que sirve como refugio temporal durante su largo viaje migratorio.
Y por último, hablar de Meoqui es hablar de su gente, de sus paisajes, de su comida y, sobre todo, de su historia. Cuando pases por Meoqui, te invito a que llegues directamente por unos ricos taquitos morelianos, o por un riquísimo caldo de abigeo acompañado de una cerveza Heineken o un refresco elite de toronja
en la región de Lázaro Cárdenas, o bien por unos elotes bien servidos por su cordillera… pero eso, te lo cuento en otra ocasión.
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