Hay preguntas que no aparecen en los exámenes, pero que pesan más que cualquier calificación. Preguntas que evitamos porque implican responsabilidad, cambio y, muchas veces, incomodidad.
En la juventud, no siempre nos falta claridad, a veces lo que falta es el valor de detenernos y mirarnos con honestidad.
¿Qué decisión sigues postergando, aunque sabes que puede cambiar tu vida? A veces es pedir ayuda, cambiar de rumbo, soltar una relación, atreverse a intentar algo distinto o reconocer que el camino que elegimos ya no nos representa. Postergar también es una decisión, y suele tener consecuencias silenciosas.
¿Tu círculo de amigos te acerca a la persona que quieres ser?
Las personas con las que compartimos tiempo influyen más de lo que admitimos. No porque sean malas, sino porque todo entorno forma. Preguntarnos esto no es juzgar, es reflexionar si estamos creciendo juntos o simplemente permaneciendo por costumbre, miedo o comodidad.
¿Tu calendario refleja la vida que quieres tener?
Decimos que algo es importante, pero rara vez revisamos en qué invertimos nuestro tiempo.
Estas preguntas no buscan respuestas inmediatas ni perfectas. Buscan conciencia. Porque no tener todo resuelto antes de los 20’s no es el problema. El verdadero riesgo es vivir en automático, sin cuestionarnos si el rumbo que seguimos es realmente nuestro.
Hablar de juventudes es reconocer que crecer también implica hacerse preguntas difíciles, y que nadie debería cargar con la presión de tener todas las respuestas tan pronto. A veces, empezar por una sola pregunta honesta ya es un acto de valentía.







































